Alfonso Barajas Plazas
Hay vidas que se miden en años y otras que se cuentan a través de los caminos que ayudaron a construir. La de Alfonso Barajas Plazas es una de ellas. Cien años después de su nacimiento, su historia se confunde con la historia misma de la tierra que eligió para sembrar sus sueños y formar su hogar. Nació el 4 de marzo de 1926 en el municipio de Zetaquira, Boyacá. Desde allí emprendió el viaje que lo llevaría a conocer a su esposa y junto a ella, a ser uno de los fundadores del municipio de Monterrey, cuando aún era el corregimiento de Betel. Con sus manos trabajadoras y su espíritu sereno, no solo ayudó a levantar un pueblo, sino que contribuyó a forjar una comunidad cimentada en el esfuerzo, la solidaridad y la esperanza. Padre, abuelo, bisabuelo y tatarabuelo, don Alfonso ha tenido el privilegio de ver florecer las generaciones que nacieron de su legado. Su vida ha sido un puente entre el pasado y el presente, un testimonio viviente de que las grandes obras no siempre se construyen con monumentos, sino con la nobleza de los actos cotidianos y el amor entregado a los demás. Su vocación de servicio encontró expresión en su labor como fontanero de la empresa de servicios públicos de Monterrey. Durante años llevó, más que agua, bienestar a los hogares de su pueblo. Su trabajo silencioso y honesto acompañó el crecimiento del municipio, convirtiéndose en una pieza invaluable del desarrollo de la comunidad que ayudó a fundar. A lo largo de un siglo ha sido testigo de cómo los caminos de tierra se transformaron en senderos de progreso; ha visto crecer las casas, las familias y los sueños de quienes hoy habitan Monterrey. Ha contemplado el paso del tiempo con la calma de quien sabe que ha vivido plenamente y con la serenidad de quien ha sembrado mucho más de lo que ha recibido. Su existencia es también la memoria viva de un pueblo. En sus recuerdos habita el Monterrey de ayer y el de hoy, unidos por el mismo anhelo de paz que ha marcado su vida. No es casual que quienes lo conocen lo reconozcan como un referente y un ejemplo del legado que identifica al municipio como el “Sello de la Paz”. Su historia nos recuerda que la paz no solo se proclama: se construye día a día con trabajo honrado, humildad y amor por la tierra y por su gente.