Retrato de Hugo Berto Gómez frente a construcción con techo de palma

VILLA CAROLA: EL NOMBRE QUE NACIÓ DE UNA HISTORIA DE GRATITUD ¿Alguna vez se ha preguntado por qué Villa Carola se llama Villa Carola? A veces caminamos por las calles de nuestros pueblos, pronunciamos sus nombres todos los días y no imaginamos que detrás de ellos puede esconderse una historia que merece ser contada. En el centro poblado de Villa Carola, jurisdicción de Monterrey, esa historia todavía vive en la memoria de sus habitantes. Hoy conversé con don Hugo Berto Gómez, un hombre de 76 años, nacido y criado en este mismo lugar. Don Hugo conoce como pocos cada rincón de Villa Carola. Ha visto crecer sus calles, transformarse sus casas y pasar por allí varias generaciones. Pero hay algo que conserva con especial cariño: la historia que su madre le contó cuando él apenas era un niño sobre el origen del nombre de este lugar. Para entenderla tenemos que regresar varias décadas en el tiempo, hasta los años en que el general Gustavo Rojas Pinilla ejercía la Presidencia de la República. Por aquella época, lo que hoy conocemos como Villa Carola era apenas un pequeño caserío. Don Hugo recuerda, a través del relato de su madre, que allí no habría más de diez casas. Pero había algo que para aquella comunidad representaba esperanza: una pequeña escuela. Era una construcción muy humilde, levantada con palos de madera y unas viejas tejas. Allí los niños del caserío comenzaban a aprender sus primeras letras. Fue entonces cuando, según esta tradición oral, llegó hasta aquel pequeño poblado Carolina Correa Londoño, esposa del presidente Rojas Pinilla y primera dama de Colombia, conocida cariñosamente como Carola Correa. Por alguna razón, aquella mujer se interesó por las condiciones en las que vivía la comunidad y decidió brindarles su apoyo. Les dejó herramientas y materiales para que los habitantes pudieran construir una escuela en mejores condiciones. Para una comunidad pequeña y humilde, aquel gesto significaba mucho más que unos materiales de construcción. Era sentirse recordados. Era saber que alguien había visto sus necesidades. Y, quizá por eso, cuando los pobladores se reunieron para pensar cómo llamar aquel caserío, alguien propuso un nombre que rindiera homenaje a aquella mujer: "Que se llame Bella Carola". La propuesta gustó entre los habitantes. Pero entonces alguien hizo una segunda propuesta: "Mejor que sea Villa Carola". Y ese nombre fue el que quedó. Desde entonces, aquel pequeño caserío comenzó a ser conocido como Villa Carola. Hoy han pasado más de siete décadas. Ya no están aquellas pocas casas de entonces. La pequeña escuela de palos y tejas viejas es parte del pasado y nuevas generaciones han nacido y crecido en este territorio. Pero el nombre permanece. Y con él, una historia que don Hugo Berto Gómez conserva gracias a la memoria de su madre. No sabemos si algún documento oficial contará exactamente la misma versión. Por eso esta historia debe entenderse como lo que es: una memoria oral transmitida de generación en generación por quienes han habitado este territorio. Y quizá ahí está precisamente su mayor valor. Porque la historia de un pueblo no solamente está en los archivos. También está en la voz de los abuelos.