Figura humana de barro hallada en 1965 a orillas del río Túa, con papel/escrito en su interior
La encontró mi madre: una memoria de la fundación de Monterrey.
Una mujer campesina, nacida en El Porvenir y llegada a estas tierras para aportar, con su trabajo y esfuerzo, a la construcción de lo que hoy conocemos como Monterrey, guarda entre sus recuerdos una historia tan sencilla como extraordinaria.
Transcurría el año 1965. Por aquellos días, la leña era indispensable en los hogares, pues era el combustible con el que las familias preparaban sus alimentos. Una mañana, ella y algunos familiares decidieron bajar hasta el río Túa para buscar los trozos de madera que la creciente había arrastrado y dejado sobre sus playas.
Mientras recorría la orilla, buscando entre los palos y ramas aquello que pudiera llevar a casa, vio algo extraño cubierto parcialmente por hojas. Se agachó para observarlo y, para su sorpresa, encontró una pequeña figura humana hecha de barro.
La curiosidad la llevó a recogerla. Pero la sorpresa fue aún mayor cuando descubrió que en su interior había un pequeño libro o escrito con símbolos y palabras que para ella resultaban extraños. La humedad y la lluvia hicieron que aquel papel se deteriorara rápidamente, perdiéndose gran parte de lo que allí estaba escrito.
Sin embargo, ella decidió conservar la misteriosa pieza. La envolvió cuidadosamente en un trapo que llevaba consigo y la llevó a casa. Desde entonces, aquel muñeco de barro ha permanecido como un objeto guardado durante décadas, convertido hoy en un testimonio de un pasado que todavía despierta preguntas.
Detrás de este hallazgo también está la historia de una mujer campesina, una de tantas que llegaron desde El Porvenir y otros lugares para ayudar a levantar a Monterrey con sus manos, su trabajo y su perseverancia. Una mujer que, además, vivió de cerca los difíciles años de la violencia bipartidista que marcó profundamente la historia de Colombia y que dejó huellas imborrables en las familias campesinas de esta región.
Su relato no habla solamente de un pequeño muñeco de barro encontrado a la orilla del río. Habla de una época, de las costumbres de nuestros campesinos, de la vida alrededor del río Túa y de aquellas generaciones que, en medio de las dificultades, fueron construyendo poco a poco el municipio.
Hoy, aquel objeto permanece como una memoria familiar y, al mismo tiempo, como una pieza que invita a preguntarnos por la historia antigua de estas tierras.
"La encontró mi madre", dice su familia. Y quizá, sin saberlo, aquella mujer no solamente encontró un objeto entre las hojas que dejó la creciente del río. Encontró una pequeña parte de un pasado que, más de seis décadas después, todavía permanece entre nosotros.
Por: Fraider Enrique Cárdenas