Retrato de estudio en sepia de María Antonia Buitrago, con poema propio conservado
MEMORIAS DE UNA NIÑA SOBRE LA ENTREGA DE ARMAS EN MONTERREY
Mi nombre es Blanca Evelia Moreno Buitrago. Nací en El Porvenir en el año 1948.
Lo que voy a relatar acerca de la entrega de armas en Monterrey son recuerdos de una niña de tan solo cinco años.
Aunque ha pasado mucho tiempo, aquellas imágenes permanecen en mi memoria como recuerdos inolvidables de una época marcada por la guerra, el miedo y la esperanza.
Recuerdo que salimos de Monterrey a pie. En aquel entonces había muy pocas casas y, al llegar al caño, no existía ningún puente. Continuamos caminando hasta el lugar donde aterrizaría un avión. Había muchísima gente; por todos lados se veían personas con armas. También nos decían que en aquel avión llegarían personas muy importantes y que, por eso, todo debía hacerse con mucho orden.
En el lugar había una especie de camareta construida con palos, donde las personas iban colocando sus armas. Para nosotros, los niños, era una escena que causaba temor. Estábamos rodeados de soldados y no entendíamos completamente lo que estaba sucediendo.
Sin embargo, nos decían que habían llevado regalos para los niños, y eso hizo que esperáramos con ilusión aquella sorpresa.
Y la sorpresa llegó. A cada niño le entregaron una muda de ropa. Recuerdo que a mí me correspondió un vestido que me quedó muy grande. Era de color verde con flores y estaba envuelto en papel periódico. Mi madre, que era modista, aprovechó aquella ropa y me confeccionó dos vestidos.
También recuerdo haber visto en las filas a muchas personas conocidas de Monterrey, entre ellas don Quintiliano Barreto, don Luis Rojas, don Luis Ballesteros, don Álvaro Fula, don Benjamín Mateus y, si mi memoria no me falla, don Luis Torres y don Olmedo Parra. Eran personas muy conocidas en nuestro pueblo.
Monterrey era entonces un lugar pequeño, con muy pocas viviendas. Eran tiempos difíciles, de lucha, guerra y pérdidas familiares. Sin embargo, en medio de aquellas circunstancias, también hubo personas que lucharon por proteger a sus familias y buscar un futuro diferente.
Entre ellas estuvo mi madre, María Antonia Buitrago (fotografía), a quien considero una verdadera heroína. Ella luchó en las montañas para defendernos de la violencia y proteger a su familia. Hoy ya no está presente físicamente, pero su recuerdo permanece vivo entre nosotros.
Conservamos esta fotografía y también una poesía que escribí en homenaje a aquellos tiempos y a quienes, como ella, vivieron en carne propia una de las épocas más difíciles de nuestra historia.
Estas son mis memorias. Son los recuerdos de una niña de cinco años que, aunque no podía comprender la magnitud de lo que estaba sucediendo, guardó para siempre en su corazón las imágenes de aquel día: las largas caminatas, las armas, los soldados, la multitud, el avión, el vestido verde con flores y, sobre todo, el recuerdo de una madre valiente que hizo todo lo posible por proteger a sus hijos.
Hoy comparto estas memorias para que las nuevas generaciones conozcan, a través de la voz de quienes lo vivimos, una parte de la historia de Monterrey que no debería olvidarse.
Por: Blanca Evelia Moreno Buitrago