Foto de Holman Toloza junto a don Olivo Angarita Holguín, en finca con techo de palma

La emboscada de La Playa: una historia que el tiempo no borró. Cerca del centro poblado de El Secreto, en jurisdicción del municipio de Sabanalarga, existe un lugar que los moradores de la zona conocen como La Playa. Allí, entre los recuerdos del territorio y las historias que se han transmitido de generación en generación, conocí a don Olivo Angarita Holguin, un hombre curtido por los años, pero con una memoria llena de relatos que escuchó desde niño de labios de sus padres y abuelos. Don Olivo recuerda aquellas historias que, muchas décadas atrás, se contaban en las noches, cuando la luz de una vela apenas alcanzaba para iluminar los rostros de quienes se reunían alrededor de la palabra. Entre esos relatos aparece uno particularmente doloroso: el de un enfrentamiento entre las guerrillas liberales y las tropas del Gobierno, en los turbulentos años de la violencia política que golpeó buena parte de los campos colombianos. Cuenta don Olivo que, por aquellos días, tropas del Estado llegaron hasta el pequeño caserío de Sabanalarga. Los soldados, según el relato que él escuchó de los mayores, incendiaron las viviendas y destruyeron lo que encontraron a su paso. El pequeño poblado terminó convertido en cenizas. Pero la historia no terminó allí. Cuando las tropas emprendieron el regreso hacia su campamento, encontraron en el camino una fuerza que los esperaba en silencio. Los guerrilleros habían logrado conseguir, de una manera que don Olivo dice desconocer, una ametralladora, y con ella sorprendieron a los militares. A la descarga de aquella arma se sumaron los hombres que permanecían ocultos a un costado del camino, entre el pajonal. Desde allí se produjo la emboscada. Fue, según la memoria transmitida a don Olivo, un enfrentamiento fuerte y sangriento. Una de esas páginas de la historia rural que durante años permanecieron lejos de los libros, pero que sobrevivieron en la memoria de quienes las escucharon de sus mayores. Hoy, tantos años después, don Olivo vuelve sobre aquellos recuerdos. Ya no los cuenta desde la mirada de un niño, sino desde la experiencia de quien ha visto pasar el tiempo y entiende que detrás de cada historia hubo familias, hombres, mujeres, casas y vidas marcadas por una época de violencia. Y quizás lo más conmovedor es imaginar aquella escena muchos años atrás: un niño sentado junto a los viejos de la casa, escuchando en medio de la noche aquellas historias mientras una vela iluminaba apenas el lugar. Así fue como la historia llegó hasta él. Y así, de voz en voz, de generación en generación, La Playa y El Secreto conservan una memoria que el tiempo no ha podido borrar.